Soledad Jarquín Edgar / LAS CARACOLAS
En la década de los noventa, María Félix fue homenajeada por el Partido Revolucionario Institucional. Tras la exaltación de su vida personal y como actriz que hizo presidente del tricolor, la doña con esos aires que le caracterizaron tomó el micrófono y sin más pronunció: La maternidad es una catástrofe. Congeló el entusiasmo de quienes estaban ahí.
El recuento de ese hecho y el recuerdo de esa frase que pudiera parecer lapidaria para muchas personas que siguen significando la maternidad como el único y sagrado destino de las mujeres, fue hecha hace unos días por la periodista Sonia del Valle, en una conversación en la que estuvo presente la maestra Sara Lovera.
Sin duda María Félix no estaba equivocada. La maternidad es una catástrofe, y lo seguirá siendo, en tanto los derechos fundamentales de las mujeres no sean reconocidos en un sentido amplio, y yendo más allá, diría que ser madre seguirá siendo una catástrofe en tanto ese reconocimiento no sea efectivo en los hechos. Queda claro que ser madre va más allá de la decisión tomada -a conciencia- de las mujeres de ser madres. Eso es muy bueno. Pero con qué garantías una mujer decide ser madre si el Estado-gobierno no le da ninguna. Es decir, ¿serán madres aquellas mujeres que pueden pagar un parto o las consultas prenatales particulares? ¿aquellas que pueden decidir cómo y en dónde ser madres? ¿Qué método médico-científico debe emplearse al momento del parto? ¿O acaso deben las mujeres seguir pariendo sin gozar plenamente de sus derechos a la atención médica oportuna, eficiente, eficaz y sin vivir ningún tipo de maltrato?
Veamos, en el congreso local permanece en la congeladora (que debe ser muy grande) una iniciativa de reformas al código penal y a la ley general de acceso de las mujeres a una vida libre de violencia, en el que se plantean dos hechos fundamentales y que se consideran de urgente atención: la tipificación de la violencia obstétrica y el feminicidio. Continue reading →