Pilar Ramírez
Las campañas por la presidencia han tomado el rumbo que muchos temíamos, el de la descalificación, el miedo, la denostación, el agravio y la falta de respeto a los votantes. Entre las acusaciones y el intento de demostrar si se cumplieron o no los compromisos, el tema de las mujeres en campaña se ha centrado en una sola de ellas: en Josefina Vázquez Mota. No es para menos, pues la campaña negativa en la que decidió embarcarse el PAN ofrece mucho material periodístico.
Otras mujeres, sin embargo, están luchando por alcanzar equidad en la participación política. La equidad es un concepto vinculado a la justicia, es decir, están buscando que su intervención en política resulte menos discriminatoria, pues la cuota de género establecida por la ley electoral federal es de 40 por ciento. Sólo en el caso de que las cuotas fuesen de 50 por ciento para cada género se podría hablar de igualdad.
A pesar de que la cuota de género del 40 por ciento se incluyó en la ley electoral desde el año 2007, los partidos políticos entregaron sus listas sin respetar dicha condición. No fue un olvido, no “se les pasó”, no se les traspapelaron los nombres. Los partidos, dirigidos todos por hombres, simplemente no estaban dispuestos a cumplir la ley si eso significaba que muchos aspirantes tuvieran que renunciar a sus aspiraciones, con la premisa todavía vigente de que la política es esencialmente masculina.
Seguramente son políticos que se adhieren a los criterios expresados el año anterior por el cardenal Juan Sandoval Íñiguez, cuando exhortó a las mujeres a “asumir su papel”. Dijo entonces el sacerdote que hay en la actualidad un “feminismo exacerbado” que ha llevado a las mujeres a desentenderse de la maternidad, a despreciar las tareas hogareñas y a sus maridos. Agregó que “da tristeza ver películas hechas con criterios puramente mercantiles, protagonizadas por heroínas que tienen poder y mando para matar, herir y pelear”, son mujeres que “están fuera del papel que por naturaleza exige su misión en este mundo”.
Del mismo modo, los políticos de todos los partidos intentaron que las mujeres fueran a cumplir “su misión en este mundo”, las olvidaron y enviaron al Instituto Federal Electoral listas de candidatos que no cumplían con la cuota de género. Las heroínas con poder están bien para las películas pero no para la vida real y menos para cargos en los que se decide el rumbo del país y la situación de muchos mexicanos.
El ultimátum del IFE fue determinante para hacer que se cumpliera la cuota del 40 por ciento; pero ese cumplimiento no fue de buen grado, se registraron varios incidentes para poder entregar a la autoridad electoral las listas con el 40 por ciento de candidatas. A inicios del mes de abril, por ejemplo, varias precandidatas del PRD en Guerrero retuvieron en su oficina al dirigente de su partido para exigirle cumplir con la cuota de género. En Jalisco algunos precandidatos del PAN promovieron recursos contra la cuota de género ante el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación argumentando que ellos obtuvieron la postulación mediante procesos democráticos. El presidente del PRI defendió los derechos políticos de los precandidatos varones y afirmó que acudiría al TEPJF para que lo “orientara” sobre la cuota de género porque es una moneda de dos caras.
Con urgencias, molestias y apuro los partidos se vieron obligados a cumplir ante la advertencia de sanciones por parte del IFE. El ingenio mexicano para hacerle trampa a la ley se hizo presente en la corrección de las listas, pues varios de los reemplazos que hicieron los partidos fueron con la inclusión de las hermanas o esposas de los candidatos seleccionados originalmente. Las candidaturas han tenido y siguen teniendo ese sentido patrimonialista. Algunos postulados no iban a dejar ir así como así las candidaturas, para eso adularon al presidente del partido, se “fletaron trabajando” en las colonias (eso se traduce como lograr seguidores), hicieron méritos en el partido, “esperaron su oportunidad” o invirtieron recursos para lograr la candidatura.
¿Se puede esperar autonomía de las mujeres postuladas de esta manera? Dudoso, muy dudoso. ¿Tendrán su propia agenda en caso de llegar a ocupar un escaño en el Congreso? Todavía más dudoso ¿Les interesará impulsar una agenda legislativa con perspectiva de género? Totalmente incierto. Estas candidatas estarán en campaña, pero la verdadera campaña la han venido realizando las mujeres que al interior de los partidos han desplegado acciones para lograr candidaturas demostrando que tienen capacidad para hacer trabajo partidista, que tienen propuestas, que están luchando por ampliar su participación en la política y que su presencia hace una diferencia con la promoción de los derechos humanos de las mujeres.
Los partidos cumplieron con la letra de la ley pero no con su espíritu.
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